3 – el cerebro de broca

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Logonautes
3 - el cerebro de broca
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En 1861 el neurólogo francés Paul Broca conoció a un paciente muy especial. Era un curtidor de zapatos que había perdido la capacidad de hablar y de escribir a excepción de una única sílaba, tan, que aún podía pronunciar. Normalmente, la decía duplicada: tan-tan. Él comprendía a los demás e intentaba hacerse entender como podía. Aunque no podía escribir, podía leer el periódico, jugar al ajedrez, decir números con la mano e indicar la hora. Durante muchísimo tiempo, la identidad de este paciente fue un misterio y en los libros de neurología se lo llamaba simplemente Tan.

Gracias a Tan, Broca pudo demostrar que existe un área en el cerebro con una implicación específica en la producción del lenguaje. En este episodio puedes escuchar la historia que hay detrás del descubrimiento de la famosísima área de Broca.

Moret sur Loing de Alfred Sisley
La ciudad natal de Leborgne, Moret sur Loing, de Alfred Sisley (1888-1892). Dominio público (link)
Facultades de la frenología
Las facultades de la frenología en el cráneo. Dominio público (link).
Miriñaque
El miriñaque, ideal para una clase de pilates. Dominio público (link)
My beautiful broken brain (póster)
Póster del documental My beautiful broken brain (2014)
Área de Broca
Área de Broca, licencia CC atribución (véase referencias)

Música:

  • Tomorrow’s Executive por Professor KLIQ (Link)
  • Nightclub Jazz Hip Hop por Auditone Music Library (Link)
  • 5 Songs, Op. 104 – I. Nachtwache I. Johannes Brahms, por Ensemberlino Vocale (Link)
  • Peer Gynt Suite no. 1, Op. 46 – III. Anitra’s Dance. Edvard Grieg, por Musopen Symphony (Link)
  • Peer Gynt Suite no. 1, Op. 46 – I. Morning Mood. Edvard Grieg, por Musopen Symphony (Link)
  • Ave maris stella, EG 150 (For Piano solo – Schytte). Edvard Grieg, por Jean Dubé (Link)
  • Album for Male Voices, Op. 30 – IX. Dejligste blandt Kvinder. Edvard Grieg, por Papalin (Link)

Referencias:

Domanski, C. W. (2013). Mysterious “Monsieur Leborgne”: the mystery of the famous patient in the history of neuropsychology is explained. Journal of the History of the Neurosciences, 22(1), 47-52. http://dx.doi.org/10.1080/0964704X.2012.667528

Domanski, C. W. (2014). Post scriptum to the biography of Monsieur Leborgne. Journal of the History of the Neurosciences, 23(1), 75-77.

Dronkers, N. F., Plaisant, O., Iba-Zizen, M. T. & Cabanis, E. A. (2007). Paul Broca’s historic cases: high resolution MR imaging of the brains of Leborgne and Lelong. Brain, 130(5), 1432-1441. http://dx.doi.org/10.1093/brain/awm042

LaPointe, L. L. (2012). Paul Broca and the origins of language in the brain. San Diego: Plural Publishing.

Lynch, D., Sodderland, L., Robinson, S., (prod.), Sodderland, L. & Robinson, S. (dir.). (2014) My beautiful broken brain [documental]. Reino Unido: Netflix.

Lorch, M. (2011). Re-examining Paul Broca’s initial presentation of M. Leborgne: understanding the impetus for brain and language research. Cortex, 47(10), 1228-1235. http://dx.doi.org/10.1016/j.cortex.2011.06.022

Sagan, C. (1979). Broca’s Brain: Reflections on the Romance of Science. New York: Random House Publishing Group.

Recursos digitales:

Van Wyhe, The history of phrenology on the web (1999-2011). Link: http://www.historyofphrenology.org.uk

Animación área de Broca. Licencia Creative Commons atribución: By Polygon data were generated by Database Center for Life Science(DBCLS) [2]. – Polygon data are from BodyParts3D [1], CC BY-SA 2.1 jp, (link)

El cerebro de Broca

Abres los ojos. Tienes un dolor de cabeza horrible. Delante tuyo ves la mugre debajo del sofá, las patas de la mesa y una taza con el asa rota. Ahora la derecha está arriba y la izquierda está abajo. Parece ser que estás en el suelo. Hay una mancha irisada enorme en el techo. ¿Qué estás haciendo aquí? Te has caído. No puedes moverte. Todo se apaga de nuevo.

Estás escuchando Logonautes, una expedición rumbo al lenguaje y al cerebro a bordo de una historia cada día.

La palabra ictus viene del latín y significaba golpe. Los ictus eran los golpes rítmicos con que se medía el ritmo en los versos griegos y latinos. Desgraciadamente, el ictus a que se refiere el accidente vascular cerebral es un poema triste muchas veces. Porque es la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres en España. Cada año se detectan 120.000 casos nuevos.

En otros casos, más que un poema, el ictus es una novela o una película con un nudo, una tensión dramática, demasiado grande. El lío de la película del ictus lleva al cerebro por unos callejones que cuesta ver si van o vienen; si suben o bajan y, después de un tiempo en el que el mundo parece otro o quizás en el que el mundo es otro, se llega a un final a veces más abierto, y por tanto más incierto, como en Blade Runner, o una resolución del conflicto más cerrada, como en Tú a Boston y yo a California.

Este viaje involuntario a veces lleva a la persona que ha tenido un ictus a tener una percepción del tiempo y del espacio diferente, e incluso a no saber a ciencia cierta si está soñando o si está despierto. Todo ello hace que pueda cambiar su percepción de la existencia. Y, si cambia la percepción de la existencia, no cambia la existencia en sí? Buf, demasiado filosófico para estas horas ...

El tema de este episodio, sin embargo, no es el ictus propiamente, sino la afasia, que es una consecuencia posible del ictus. Para los navegantes despistados, la afasia significa perder todas o parte de las funciones lingüísticas.

El ictus y otras patologías han ayudado a investigar el cerebro. Para decirlo rápido, saber cómo se rompe un cerebro, cómo funciona cuando le va mal ayuda a saber cómo funciona cuando le va bien. Pues bien, decíamos que el ictus nos dice cosas sobre los cerebros, y en el caso específico del lenguaje, que es para lo que hemos venido aquí, también es así.

Vamos a trazar los pasos que llevaron al descubrimiento del área de Broca

Corría el año 1861 cuando el neurólogo francés Paul Broca se encontró con un paciente de 51 años muy especial. Era un curtidor de zapatos que había perdido la habilidad de articular el habla y de escribir a excepción de una única sílaba, tan, que aún podía pronunciar. Normalmente, la decía duplicada: tan-tan. Esas dos sílabas las acompañaba de gestos expresivos y variaciones entonativas. Él comprendía a los demás e intentaba hacerse entender como podía. Aunque no podía escribir, podía leer el periódico, jugar al ajedrez, decir números con la mano e indicar la hora en un reloj con precisión al segundo.

Este hombre había tenido epilepsia desde muy joven, lo que no había interferido demasiado en su estado general y en su trabajo. Pero un día, cuando tenía 30 años, perdió de pronto la capacidad de hablar y lo hospitalizaron en la enfermería de Bicêtre. Al principio creían que se trataba de una afección temporal. Le diagnosticaron "inflamación de los vasos sanguíneos cerebrales". Como no estaba casado y no podía volver a casa solo sin nadie que lo cuidara, se quedó ingresado. Al fin y al cabo, iba a ser cosa de poco tiempo. Permaneció 21 años en la enfermería.

A la gente de este hospicio le hacía gracia este cuadro clínico tan excepcional y a menudo le hacían burla, lo que le ponía de muy mala leche. Sus compañeros decían de él que era mala persona. Como sólo decía esta sílaba, tan, en la enfermería, que eran muy chisposos, lo llamaban así, Tan. Y así se le llamó durante buena parte de la historia de la neurología.

Cuando el neurólogo Paul Broca conoció a Tan, habían pasado todos estos años de ingreso. Comprobó que su inteligencia y sus facultades físicas habían quedado intactas durante los primeros diez años que estuvo allí. A los diez años de llegar, sufrió un ataque que le afectó a la movilidad del lado derecho del cuerpo y también a la visión del lado derecho. El mismo mes de la llegada de Broca, Tan había desarrollado gangrena en el lado derecho del cuerpo. Su salud empezaba a complicarse.

La identidad de Tan ha sido un misterio durante los últimos 150 años. Este secretismo no era normal en aquella época. En aquel entonces el anonimato de los pacientes daba bastante igual. Todo lo contrario, se explicaban los casos a los cuatro vientos y se hacía espectáculo, como si fuera un circo. No se ha sabido hasta el año 2014, gracias al trabajo de un historiador llamado DOMANSKI, que el paciente se llamaba Louis Victor Leborgne. Bueno, pues a partir de ahora lo vamos a llamar así, no Tan.

Monsieur Leborgne había nacido en Moret-sur-Loin, una localidad muy cuca en el departamento de Sena y Marne que inspiró a algunos impresionistas, como por ejemplo a Alfred Sisley. En las notas del programa os pondré un bonito cuadro de este pintor. Bueno, monsieur Leborgne, que. más que curtidor de zapatos, estrictamente hablando era formier (fabricaba las hormas de madera para hacer sombreros y zapatos) era un hombre educado y, al contrario de lo que habían dicho algunos, sabía leer, ya que era hijo de un maestro. Pues bien, el cerebro del malogrado Leborgne se iba a convertir en el cerebro más famoso de la historia de la neurociencia.

Lo que se jugaba Broca a nivel científico era que, con este paciente, podría demostrar que existía una zona en el cerebro encargada de una función específica. Aunque, bueno, esta idea no le vino de la nada. Broca le debe a Franz Joseph Gall y Jean-Baptiste Bouillaud la intuición sobre que el cerebro tiene áreas diferenciadas asociadas a una función. ¿Que quién es Joseph Gall? Pues el de la frenología, esa disciplina que afirmaba que los bultos de tu cabeza y de la cara que tenías podía determinar ciertos comportamientos, como que tuvieras impulsos criminales. Gall dividió el cráneo en multitud de propensiones que en su justa medida eran virtudes y en caso de sobreejercitarse se podían considerar vicios como, por ejemplo, la constructividad que representa el deseo de crear obras de arte y artesanía, en su justa medida, pero que, en exceso, despierta el deseo de construir artilugios para dañar, matar y engañar a la humanidad. Vamos, lo que define tanto a artistas como a supervillanos. Gall no se andaba con chiquitas...

La frenología no tiene validez científica actualmente, lo vemos como una anécdota simpática del pasado y que sirve para vender en tiendas de decoración cabezas de porcelana con las funciones de Gall escritas. Ya hablaremos de Gall en otro episodio y nos reiremos lo justo sobre sus teorías, pero de momento, hay que saber que la división del cerebro en áreas con funciones diferenciadas tenía bastantes detractores en la época de Broca.

O sea, que aquí tenemos al amigo Broca con un paciente que no podía hablar pero podía entenderle y hasta ganarle al ajedrez. Leborgne mostraba una disociación de habilidades prometedora.

Imaginaos el París de aquel momento, en 1861. Graham Bell aún no había inventado el teléfono. Por la calle circulaban omnibuses, es decir coches tirados por caballos donde cabían unas cuantas personas. La gente llevaba unos vestidos llenos de capas. Las mujeres llevaban miriñaques, mangas enormes, peinados recogidos con trenzas alrededor de la cabeza... Todo muy cómodo para hacer una clase de pilates, por ejemplo. Los hombres, como siempre, iban un poco más cómodos, pero aún así, llevaban camisa, vestido, pajarita o corbata, chaleco y sombrero. Hacía sólo dos años que Darwin había publicado El origen de las especies. Está por allí Napoleón III, el último monarca que ha tenido Francia. Aquel año aún estaba naciendo George Meliès! En la literatura, en frente de la fantasía del romanticismo se estaba empezando a hacer un lugar lugar el realismo, un intento de retratar la sociedad con objetividad y exactitud, con Flaubert, Zola ... La música instrumental estaba dominada por compositores alemanes, como Schumann, Liszt o Wagner. Pero, por el amor de Dios, si en 1862 aún estaba naciendo Claude Debussy! Buf, lo que quedaba por llover... En este momento estaba extendiéndose la idea de que el único conocimiento auténtico era el científico. Se criticaba la metafísica como pseudociencia que caía fácilmente en las trampas del lenguaje (ah, algún día hablaremos de ello, de las trampas del lenguaje en la ciencia ...).

El debate científico sobre el cerebro estaba un punto subidito porque había posiciones muy polarizadas. Se debatía sobre si el cerebro funcionaba como un todo, holísticamente, o si bien había partes específicas para las funciones cerebrales concretas (inteligencia, lenguaje, sentimientos, planificación...). Este debate conectaba con la discusión sobre la unidad y la inmaterialidad del espíritu, del alma. Señores con bigotes y patillas frondosas se sulfuraban, se ponían colorados y decían que si el alma se podía equiparar a la personalidad, a la mente, no tenía sentido que sus acciones estuvieran divididas en compartimentos separados... De ser así la idea del alma que sostenía la iglesia católica tenía que replantearse, mon Dieu!. O sea, que el amigo Broca se encontraba en medio de este percal académico con un paciente que sólo decía tan.

Le hizo exploraciones y pruebas. Como decía, comprobó que su inteligencia estaba preservada. En la enfermería todo el mundo decía que este hombre tenía muy mala leche, que era vengativo, egoísta y un ladrón. Bueno, lo decían los mismos que le hacían burla y lo llamaban Tan. Yo, la verdad, que estoy más contigo, amigo Leborgne. Demasiada paciencia y todo tuviste, con aquellos papanatas... En cualquier caso, Broca escribió de aquel hombre que se podía afirmar que era totalmente responsable de sus actos.

Bueno, el pobre Leborgne murió seis días después de encontrarse con Broca, el 17 de abril de 1861. Broca, pocas horas después, como quien dice con el cuerpo de Leborgne todavía caliente, examinó su cerebro y allí en la sala de autopsias con el cráneo de Leborgne abierto de par en par tuvo que contener su emoción: encontró una amplia lesión en el córtex frontal izquierdo, concretamente en la mitad posterior del giro frontal inferior. Para que os hagáis una idea, si os tocáis la sien izquierda, más o menos por ahí. Por primera vez se pudo localizar en la anatomía del cerebro una función cognitiva superior: nació el área de Broca.

Actualmente, el área de Broca se define en la pars opercularis y pars triangularis del giro frontal inferior. La afasia de Broca se considera un conjunto complejo de síntomas que incluyen problemas en la fluencia, la articulación, la evocación de palabras, la repetición, y la producción y comprensión de frases complejas.

El cerebro de Leborgne está conservado y exhibido en un tarro de cristal en el Museo de Anatomía Dupuytren, en París. Muchos visitantes se desplazan hasta allí expresamente para verlo.

Una de esos visitantes fue Nina Dronkers, una investigadora que en 2007 le dijo a su equipo: oye, Broca no diseccionó el cerebro de Leborgne, sólo lo miró por fuera. ¿Por qué no cogemos el frasco de vidrio del museo, lo llevamos a nuestro laboratorio y le hacemos un MRI? Será como hacer de detectives a través del tiempo! Yuju! Dicho y hecho, lo hicieron y observaron que había lesiones más profundas. Se comprobaron lesiones en: giro inferior frontal izquierdo, el lóbulo parietal inferior profundo, en el lóbulo temporal superior anterior, claustrum, putamen, globo pálido, cabeza del núcleo caudado y cápsulas externas e internas, ínsula, fascículo longitudinal superior, fascículo subcalloso medial... Esto significa que la lesión que describió Broca era en realidad mucho más extensa.

Pero que no nos entre el bajón. Otra cosa importante de los casos que presentó Broca durante su vida, es que observó una alta incidencia de lesiones en el hemisferio izquierdo que afectaban el habla. Pocos años después de la muerte de Leborgne dijo la famosa frase: Nous parlons avec l'hémisphère gauche. Fue uno de los primeros en sostener la dominancia hemisférica izquierda, frente a un montón de académicos que creían en una simetría de los dos hemisferios.

Antes de continuar, sabéis quien escribió un libro sobre Broca llamado Broca's brain, el cerebro de Broca? Ahora, si tenéis algún respeto por la divulgación científica, esto que intento hacer aquí, deberíais hacer alguna genuflexión o tomaros un chupito o algo. De verdad queréis saber quién escribió sobre Broca?: El inconmensurable Carl Sagan.

Si queréis ver un buen documental sobre afasia, podéis ver My beautiful broken brain, dirigida y protagonizada por la directora Lotje Sodderland (que relata su propio ictus) y por Sophie Robinson. La producción ejecutiva es de David Lynch. A día de hoy está disponible en Netflix.

Bien, Monsieur Leborgne, allá donde esté, este programa se lo dedico a usted. Me lo imagino en su taller, trabajando la madera, retratado en un cuadro de Alfred Sisley. Me lo imagino en la consulta de logopedia, yo intentando hacerle reír y tranquilizarlo cuando se frustra. Porque usted no era el cerebro de Broca, era la persona que ayudó a Broca a descubrir de qué estamos hechos. Demostró que, incluso 150 años después, usted nos puede decir cosas sobre lo que nos hace humanos.

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