8 – La caja de Skinner y el zasca de Chomsky (2ª parte)

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Logonautes
8 - La caja de Skinner y el zasca de Chomsky (2ª parte)
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En este episodio veremos la refutación que hizo un Chomsky de treinta años a Verbal Behavior. Esta revisión iba en contra de un investigador y de un marco teórico hegemónicos de la psicología. Se lió bien parda. Los fans y los haters se lanzaron dagas voladoras a base de bien. Pero esta joven promesa no solo puso patas arriba al conductismo, sino que además situó el estudio del lenguaje en un tablero de juego totalmente diferente. Nació un nuevo paradigma: dio comienzo la etapa dorada de la lingüística cognitiva.

Referencias:

  • Adelman, B. E. (2007). An underdiscussed aspect of Chomsky (1959). The Analysis of verbal behavior, 23(1), 29-34.
  • Chinn, S. (productor) y Marsh, J. (director) (2011). Project Nim. Reino Unido: BBC Films, Passion Pictures, Red Box Films.
  • Chomsky, N. (1959). A review of BF Skinner’s Verbal Behavior. Language, 35(1), 26-58.
  • Chomsky, N. (1972). Psychology and ideology. Cognition, 1(1), 11-46.
  • Gudmundsson, K. (2018). The Skinner-Chomsky Debate: The Centrality of the Dilemma Argument. Behavior and Philosophy, 46, 1-24.
  • Johnson, J. S., & Newport, E. L. (1989). Critical period effects in second language learning: The influence of maturational state on the acquisition of English as a second language. Cognitive psychology, 21(1), 60-99.
  • Overskeid, G. (2007). Looking for Skinner and finding Freud. American Psychologist, 62(6), 590.
  • Palmer, D. C. (2006). On Chomsky’s appraisal of Skinner’s Verbal Behavior: A half century of misunderstanding. The Behavior Analyst29(2), 253-267.
  • Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. New York: Appleton-Century-Crofts.
  • Watrin, J. P., & Darwich, R. (2012). On behaviorism in the cognitive revolution: Myth and reactions. Review of General Psychology, 16(3), 269-282.

Música:

  • Little boxes, de Malvina Reynolds, por Celia Alba y Oriol Borrega
  • Nightclub Jazz Hip Hop por Auditone Music Library. Link
  • The typewriter, de Leroy Anderson, por Markus Staab. Licencia CC-BY. Link
  • The waltzing cat, de Leroy Anderson, por Markus Staab. Licencia CC-BY. Link
  • Pärt Variations for the Healing of Arinushka, de Arvo Pärt, por Markus Staab. Licencia CC-BY. Link
  • Minor swing, de Swingvergüenzas. Licencia CC-BY-NC-ND. Link
  • Bethena, de Scott Joplin, Alfi51, Licencia CC-BY-SA. Link
  • Shifty sands, Purple Planet, Link
Little boxes on the hillside
Little boxes made of ticky-tacky
Little boxes on the hillside
Little boxes all the same

There's a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one
And they're all made out of ticky-tacky
And they all look just the same

Estás escuchando Logonautes, una expedición rumbo al lenguaje y al cerebro a bordo de una historia cada día.

En el último episodio habíamos dejado a Skinner con sus palomas picoteando palancas dentro de cajas. Según el conductismo radical de Skinner, hacemos las cosas reforzados por las recompensas que obtenemos y dejamos de hacerlas cuando no nos proporcionan beneficio. Para Skinner, los cráneos son cajas negras en las que puede que sucedan cosas, como procesos mentales, pero apelar a ellos para explicar la conducta de los animales y de los humanos es algo poco científico, casi una superstición. Para él, la conducta, ya sea animal o humana, ya sea básica o una función superior, se puede explicar a través del estudio de los estímulos externos. Hay que pensar que a mediados del siglo veinte, Sigmund Freud está petándolo un montón con su teoría de la mente. El inconsciente, el yo, el superyo, el ello, vamos, un no parar de estipular entidades mentales. Que si complejos edípicos, que si traumas irresueltos del pasado... ¡Es que dan muchas ganas de ser Skinner en ese contexto!

El impacto que tuvieron los trabajos de Freud fue mastodóntico dentro de la psicología y fuera de ella. Las ideas de Freud impregnaron e impregnan aún buena parte de la cultura popular sobre por qué hacemos lo que hacemos. Como muestra, tan solo recordar a la pobre Ingrid Bergman en la película Recuerda o a otros personajes de las películas de Alfred Hitchcock, que guardaban traumas producidos por sus madres (ay, las madres, un chivo expiatorio siempre a mano) o por eventos horribles de su pasado.

Bueno, pues Skinner siempre se ha visto como un antagonista de Freud. Sería como una dualidad de psicólogos basados en o bien en dentro del cabolo o bien en fuera del cabolo. Aunque hay autores que han encontrado algunos paralelismos entre los dos, no nos detendremos mucho en esto. Simplemente os diré que hay quien ha destacado el hecho de que tanto en Skinner como en Freud el comportamiento humano está dictado por eventos ajenos a la voluntad del individuo, vengan de dentro o de fuera de su cabeza. Vamos, que de libre albedrío más bien poco.

Bueno, pues eso, que Skinner está en un plan muy antimentalista. No quiere oír hablar de procesos mentales. En el año que publicó Verbal Behavior, 1957, un joven llamado Avram Noam Chomsky se acababa de doctorar, hacía apenas un par de años. Las ideas que empezó a dibujar en su tesis situarían el estudio del lenguaje humano en un espacio de trabajo totalmente distinto.

Habíamos hablado de miniskinner, de su infancia y de su pérdida de fe en Dios hacia los doce años. Viajemos un momentito a los años 30, la infancia de miniChomsky. El pequeño Chomsky, por su lado, fue criado en el seno de una familia judía de migrantes de Rusia y Bielorusia. Sus padres eran más bien de izquierdas, pero de entre sus familiares, minichomsky, un chavalín bastante adelantado para su edad, se vio influido por un tío suyo aún más de izquierdas. A ver, digo adelantado porque el joven Chomsky escribió su primer artículo a los diez años sobre la caída de Barcelona en la guerra civil española. Y a los doce, a la edad en que Skinner se desapuntaba de Dios, Chomsky se apuntaba al anarquismo. Yo no sé vosotros, pero yo a los doce años estaba yendo a ver Las tortugas ninja 2. No sé si Chomsky combinaba los papers con joyas de la cinematografía pero… en fin… Pues que Chomsky era un chaval sesudo y comprometido políticamente.

Dos años después de la publicación del libro de Skinner, un Chomsky de 31 años publicó una revisión que se ha considerado la refutación más impactante del trabajo de Skinner y la crítica más demoledora al conductismo… En fin, dejémoslo en que fue un gran zasca.

En aquel año 1959 se publicaron algunos discos que cambiarían la manera de ver el jazz, como Giant Steps, de John Coltrane, Time Out, de Dave Brubeck o Kind of blue, de Miles Davis. Y además se moría Billie Holiday, dejando un hueco difícil de llenar.

En su trabajo, Chomsky fue revisando una a una las entidades postuladas por Skinner y rebatiendo punto por punto por qué no podían sostenerse. A nivel general, lo que decía Chomsky era que las nociones que usaba Skinner, como por ejemplo, recompensa, refuerzo o control eran muy vagas y poco predictibles. Eran usos poco específicos de esos términos. Era como si utilizara expresiones coloquiales para medir algo de manera científica. Para entendernos, si hacemos una teoría en la que postulamos que A produce B, tenemos que definir tanto A como B. Si no lo hacemos, no podremos predecir ese fenómeno ni tampoco replicarlo. Si digo que los escolares aprenden a leer más rápido si se les da bien de merendar, tengo que definir qué es merendar bien y además tendré que controlar el resto de cosas que coman. Por otro lado, tendré que definir cómo consideraré que ha habido un aprendizaje más veloz.

Sobre la noción de recompensa o refuerzo, Chomsky dijo que Skinner ni siquiera se había tomado la molestia de definir qué tipo de estímulo es un refuerzo. Era una noción vaga, porque extrapolaba la recompensa de situaciones muy simples del laboratorio (las bolitas de comida) a situaciones muy complejas, y potencialmente muy diversas e impredecibles. Cuando me dicen: el teléfono está estropeado, por ejemplo, mi conducta puede ser muy diferente en función de la situación. Y ya no digamos si me dicen la pistola está estropeada. Depende de a qué lado de la pistola me encuentre, tendré una conducta u otra.

En definitiva, extrapolar la noción de recompensa desde las bolitas de comida de las palomas a los comportamientos humanos, y encima extenderla a funciones superiores humanas, como es el lenguaje, era dar un salto tan grande que todo esto dejaba de ser ciencia. El concepto de recompensa en los humanos que empleaba Skinner era tan general que era imposible trabajar con él científicamente. Decir que damos malas noticias a nuestros enemigos porque el hecho de que nuestros enemigos se sientan mal es reforzador, en el fondo, no es decir demasiado. Es lo mismo que decir “dar malas noticias a un enemigo es agradable porque nos gusta dar malas noticias a los enemigos”. El problema no era que lo que decía fuera falso, sino que no aportaba nada nuevo. Lo único que hizo Skinner fue empaquetar estos eventos de manera que pareciera científico. Años más tarde Chomsky decía:

Cuando sus formulaciones se interpretan literalmente, son o bien trivialmente verdaderas, sin evidencia científica, o bien claramente falsas. Y cuando se interpretan en esa forma suya característica, vaga y metafórica, esas formulaciones son meramente un sustituto pobre del uso ordinario. (1972, p.19)
Skinner, que por aquel entonces era representante de una teoría hegemónica, no se tomó muy bien este ataque a su trabajo y, sobre todo al principio, tuvo algunas intervenciones un poco despectivas hacia ese joven lingüista que estaba poniéndolo todo patas arriba. Los defensores de Skinner contraatacaron acusando a Chomsky de no entender lo que se exponía en Verbal Behavior y de poner en boca de Skinner cosas que él no había dicho. Los puñales volaban en ambas direcciones. De hecho, aún vuelan, por así decirlo. En las notas del programa se pueden encontrar refutaciones de la refutación de Chomsky.

Pero volvamos a Verbal Behavior. Con respecto a los elementos control, específicamente en la adquisición del lenguaje, según Skinner, cuando un niño en edad de adquisición dice la palabra silla en presencia de una silla roja, por ejemplo, estaríamos delante de una respuesta “bajo el control de propiedades extremadamente sutiles" del objeto. En este caso, la naturaleza de “sillosidad” de la silla, por decirlo de alguna manera. Ahora imaginemos que dice roja, en ese caso el control que habría provocado esa respuesta sería el carácter de rojez de la silla. Mmmm… parece que esta manera de explicar la relación de control y respuesta es un poco arbitraria y, en todo caso, es una relación que solo se puede postular a posteriori. No podemos predecir lo que dirá un hablante a partir de los estímulos de una situación.

En este sentido, estas explicaciones se han tachado de circulares: A se demuestra por B y B se demuestra por A. La razón de ser de una respuesta verbal es un determinado refuerzo y la razón de ser de ese refuerzo es la respuesta verbal.

Skinner hace hincapié en el refuerzo que ejercen los padres en la adquisición del lenguaje del niño. En su trabajo, Chomsky indicaba que es falso que los niños solo puedan aprender su primera lengua por el cuidado meticuloso de sus padres. Y es que esto ya lo hemos visto en episodios anteriores. Si eso fuera como decía Skinner, los niños que hablan una lengua extranjera en sus casas no aprenderían la lengua del territorio con la naturalidad con que lo hacen. Un trabajo muy famoso sobre este tema fue el de Elissa Newport y Jacqueline Johnson a finales de los años ochenta del siglo pasado. Estudiaron el nivel de dominio del inglés como segunda lengua en personas migradas a los Estados Unidos. Este trabajo se basaba en la hipótesis del período crítico que ya vimos en los episodios sobre el niño salvaje. Querían demostrar si los niños eran mejores aprendices de una segunda lengua que los adultos. ¿Y qué obtuvieron? Pues que, efectivamente, lo más determinante para el nivel de inglés de los sujetos era la edad a la que habían llegado al país y no otros factores.

Bien, voy a esquivar alguno de esos puñales voladores y voy a decir que el conductismo no murió en aquel momento, aunque la buena fama de que gozaba sí se quedó bastante tocada. Algunas terapias basadas en principios skinnerianos se siguieron utilizando por ejemplo en personas con autismo.

Esta pelea en el barro, apostéis por quien apostéis, nos sirve para explicar la visión chomskiana del lenguaje que, sin lugar a dudas, abrió una nueva era en la lingüística y la psicología. Chomsky se convirtió en una figura de referencia y sigue dominando el campo hasta el punto de que los trabajos que se publican son o bien una defensa de sus postulados o bien un rechazo completo de los mismos. Veamos de qué va esto.

A mediados del siglo pasado, Chomsky, además de escribir la crítica a Verbal Behavior, realizó una serie de trabajos basados en resultados matemáticos sobre los lenguajes naturales. Estos trabajos fundaron lo que se llama la teoría formal del lenguaje. Bajo esta manera de formalizar el lenguaje, Chomsky propuso un mecanismo para la descripción gramatical y un análisis de las estructuras del inglés. Este mecanismo había de ser aplicable a todas las lenguas naturales.

La idea que subyace a estos trabajos es que el lenguaje humano no puede ser un conjunto de respuestas determinado por un conjunto de estímulos externos, ya que una característica muy remarcable del lenguaje es su creatividad. Los humanos producimos y comprendemos frases nuevas, que no habíamos oído ni pronunciado nunca antes.

Como ya habíamos visto en los episodios de bebés contra robots, los humanos no almacenamos frases para utilizarlas después en el contexto más adecuado, sino que tenemos una especie de generador de frases de acuerdo a unas reglas. Existen multitud de expresiones lingüísticas que pueden describir una situación. Ante un acontecimiento como un niño en una bici podemos decir el niño está en la bici, el niño monta en bici, la bici es conducida por el niño, el niño pedalea, el niño está pedaleando. Además de poder decir cosas parecidas de múltiples maneras, podemos decir algo muy diverso ante la misma situación, como el niño está hecho todo un ciclista, el niño se parece a Induráin o qué pesadito el niño con la bici.

La otra idea fundamental del trabajo de Chomsky es que esta capacidad es innata. Nuestra mente no es una tábula rasa al nacer, sino que existe una base biológica para el lenguaje. Es posible que os suene la idea de la gramática universal. La gramática universal es un componente lingüístico innato, programado en nuestro cerebro. La gramática universal o GU, o UG en inglés, se ha ido reformulando a lo largo del tiempo. Ahora mismo supongo que Chomsky diría que la GU es el nombre de la teoría del componente genético de la facultad humana del lenguaje que hace que los niños desarrollen el lenguaje como desarrollan brazos en vez de alas o el sistema visual de un mamífero en lugar del de un insecto. En una charla hace unos años Chomsky decía que por algún motivo la base genética de las funciones biológicas es incontrovertida hasta que llegamos a las funciones mentales superiores. En las funciones superiores, dice Chomsky, por algún motivo todo el mundo se pone místico, por alguna razón se vuelven todos locos y ya no les valen los métodos y aproximaciones que se usan para todo lo demás.

La facultad del lenguaje no solo es biológica e innata para Chomsky, sino que además es solo humana. El lenguaje humano no sería una continuación de los sistemas de comunicación del resto de animales. Esto ha generado mucha controversia y a este nivel también hay puñales que van de un lado a otro: del lado de los que defienden una facultad biológica que hemos ido heredando de otras especies y del lado de los que defienden una facultad biológica que apareció directamente en nuestra especie.

La cuestión de cómo adquieren los niños el lenguaje tiene aún muchos misterios. Para Chomsky, es remarcable el hecho de que las lenguas humanas son bastante complejas, más que los lenguajes de programación, por ejemplo. Sin embargo, estas se adquieren de manera muy rápida y uniforme por parte de los pequeños homo sapiens y además con una muestra externa muy deficitaria en comparación con esa complejidad que llegan a exhibir. La explicación que da a esto es que parte de lo que consiguen los pequeños se debe a estructuras que ya estaban ahí, en los cerebritos de los niños. Esas “estructuras”, y cuidado con esta palabra porque puede ser muy engañosa, son compartidas por todos los humanos y constituyen la GU. Ese componente innato hace que los humanos desarrollemos el lenguaje y acabemos hablando o signando de manera natural, como las arañas acaban haciendo telarañas o los murciélagos acaban colgándose boca abajo en las cuevas.

En definitiva, ¿qué argumentos se usan desde la hipótesis innatista? Y, ojito, que esto es una pregunta de examen típica: pues algunos de los más famosos son la universalidad del lenguaje (que está en todos los humanos), el argumento de la pobreza del estímulo del que ya hemos hablado, las lenguas criollas (de las que hablaremos en otro momento), la uniformidad en la adquisición del lenguaje por parte de los niños y la hipótesis del período crítico (esa especie de fecha de caducidad) para adquirir el lenguaje.

Otro argumento que se ha aducido a favor del innatismo y del carácter exclusivamente humano del lenguaje es la incapacidad de otras especies de adquirir el lenguaje en condiciones similares a las de un niño humano. Se ha intentado enseñar lenguas orales y signadas a diversos animales. Un alumno de Skinner se hizo muy conocido por intentar enseñar lengua de signos americana a un chimpancé. Se trata de Herbert Terrace y su experimento con el chimpancé Nim Chimpsky. La guasa del nombre del animal ya os podéis imaginar por dónde va. Querían refutar definitivamente los postulados de Chomsky enseñando a un chimpancé a hablar una lengua humana. Nim Chimpsky fue adoptado por una familia humana y criado en lengua de signos americana. Los resultados fueron bastante desastrosos a nivel general. Podéis ver el documental Project Nim para ver qué le pasó al pobre chimpancé y cómo acabó sus días. Os recomiendo que os busquéis un paquete de klínex de los grandes. De las plataformas que he consultado, está disponible en Filmin y Amazon Prime.

A nivel lingüístico, Nim Chimpsky no pudo adquirir una gramática. Aprendió a signar toscamente una lista de signos pero no a combinarlos de una manera remotamente similar a como los humanos construimos nuestras frases.

En definitiva, el salseo entre Skinner y Chomsky fue gordo y, en cierta medida, el debate aún se conserva en algunos ámbitos. Pero bueno, no todo el monte es Chomsky. En algún momento veremos cuáles son las alternativas a los postulados chomskianos sobre la adquisición del lenguaje. En cualquier caso, aquel amanecer de la lingüística cognitiva abrió paso a una nueva manera de ver el lenguaje humano que, aparte de la vertiente cultural tan evidente a priori, reveló también paralelismos con otras capacidades biológicas.

Este es el último episodio del año. El viaje ha sido frío y un poco turbulento pero las historias nos han mantenido juntitos y entretenidos. Y es que el universo del lenguaje y del cerebro se dobla y se desdobla de maneras asombrosas. El año que viene traerá algunas novedades, otros temas, nuevos pasajeros y esperemos que también vida y prosperidad. Los misterios están esperándonos. Como dijo James T. Kirk:

El mayor peligro al que nos enfrentamos somos nosotros mismos y el miedo irracional a lo desconocido. Lo desconocido no existe. Solo existen cosas que están ocultas de momento, cosas que no comprendemos todavía.
Este podcast vale mucho pero no te cuesta nada. Va directo de mi corazón a tus oídos sin pasar por ningún datáfono. Si quieres ayudar a rellenar la nave de combustible, ya sabes lo que tienes que hacer, comparte, retuitea, reenvía… porque si nos queremos nosotros, a ver quién nos va a querer en esta fría misión sideral…